Escrito por biquillo el Saturday, 12 de April del 2008 a las 2:06 am
Esta semana comencé a ir a una Universidad en Tokyo donde supuestamente tengo que investigar sobre algo. Cuando recalco el supuestamente es por algunos motivos y que paso a describir en un momentín.
La Universidad me recibió, con los brazos abiertos, de esa forma tan cordial y humilde que caracteriza a los japoneses. El profesor que me va a echar una mano con la investigación es un buen tipo, siempre tiene una sonrisa de oreja a oreja y se le ve propenso a ayudarme. El problema es la comunicación, mi japonés no da para mucho y el inglés japonizado a veces resulta un tanto duro de entender, pero bueno, que mas o menos no va mal la cosa.
Con respecto a mis compañeros, pues apenas he hablado con ellos, lo típico, vamos, que soy de España, con lo que enseguida te saltan con el tema de los toros, el fútbol, un arroz de color amarillo y con cosas llamado Paella y ¡la tortilla que tiene patatas dentro!. Salvo eso, nuestras conversaciones se han limitado a un jarou y un bai bai. Hay un chaval que es buena gente y siempre me intenta echar una mano, que aunque no recuerdo su nombre, recuerdo que le chiflan los circuitos electrónicos y Bola de Dragón que por aquí llaman Doragon Booru (léase como lo haría un japonés).
Bueno, aquí viene lo bueno… el tema sobre el que voy a tener que investigar me lo han cambiado en la última hora y la verdad es que estoy corto de conocimientos… Va sobre sensores que miden cosas y la forma de transmitir los datos de forma aérea. Bueno, si te aburro es normal, a mi también me entra sueño escribiendo sobre estas cosas, jeje. La cosa es que el profesor de forma muy amable me ofrece una cantidad bastante generosa de sensores con los que trabajar, en ese momento me pregunté que para que necesitaría tantos, será porque se rompen con facilidad o algo, aun así el profesor me dijo que si necesitaba más no habría problema, se compraban.
Aquí debería de escribir una comparación entre las Universidades japonesas y españolas, pero soy un vago y no me apetece…
Siguiendo con la historia, resulta que son unos sensores fabricados por una compañía japonesa destinados únicamente al mercado japonés, por lo tanto no existen manuales en ningún otro idioma diferente al hablado por las tierras donde una vez batallaron samurais y las geishas divertían a los hombres adinerados. Bueno, ¿y dónde está el problema? pues bueno, el problema está en que todavía no puedo leer un cuento de niños de primaria en este idioma, así que menos un manual de unas trescientas páginas en japonés… El profesor se percató del problema así que me dijo, no te preocupes, mira los dibujos que a lo mejor eso lo entiendes, bueno, dibujos hay, hay como 1 cada 30 páginas, así que…
Hay que decir que todo no fue mal, al menos me regalaron una calculadora transparente con el logotipo de la Universidad…
Categoria: Japón, Universidad, japonés
Escrito por biquillo el Tuesday, 29 de August del 2006 a las 10:29 pm
Varios amigos y familiares me han echado en cara varias veces que cómo es que llevando 2 meses en Tokyo no chapurreo ya japonés de forma considerable. Sí, ese idioma tan bonito que alguien estando aburrido pensó, voy a inventar el idioma menos lógico del mundo para que todos los extranjeros suden tinta para decir cosas como ¡Necesito ir al baño ya!.
Vamos a ver, todos los que me conoceis sabeis que no soy precisamente un lumbreras, no lo he sido y nunca lo seré. Pero el problema creo que esta vez no está en mí, si no en el japonés. Antes de seguir con la historia de hoy voy a hacer una pequeña declaración, mi nivel de japonés es muy muy bajo :P
Para ejemplificaros mi vida en Japón voy a escribir sobre dos situaciones por las que tengo que pasar día a día:
De compras en el supermecado
Salgo por la mañana, después de desayunar, me meto en el supermercado que hay al lado de mi casa, cojo una cestita y comienzo a rellenarla, la leche, zumo, yogur, cosas japonesas varias, etc. Hoy necesito suavizante, porque quiero que mi ropa esté suave y esponjosa como en los anuncios, así que voy a comprar alguno con fragancia de rosas, frescor de limón y un toque de menta. Llego a la sección de limpieza y me encuentro que todas las botellas son iguales y que en ellas solo aparecen 4 caracteres que no sé que leches dicen pero que pueden variar entre a) lejía b) fregasuelos c) producto para limpiar el meódromo d) suavizante e) cerveza.
Entre todas esas opciones no me importaría llevarme cualquiera de las dos últimas pero el resto creo que no serían muy adecuadas. Normalmente intento leer algo pero a veces me resulta imposible, así que tengo varias opciones, preguntarle al dependiente, lo que pasa es que la pregunta se convertira rápidamente en gestos, haciendo como si cojo una toalla blandita y me la restriego por la cara, cosa que el dependiente vería con cara un poco rara y la segunda sería por descarte. Normalmente, ese tipo de botellas tienen un dosificador, sale alguien con un par de prendas de vestir con aspecto muy blandito y el color rosa suele predominar. Pero ops, hay un problema, en ninguna botella sale ni ropa ni ninguna persona, pero hay una rosa que pone Day Fresh, ¿será desodorante? de todas maneras no me vendría mal, así que lo compro :P
La hora del pago.
Normalmente comprar en Japón es fácil, coges lo que quieres, aunque no lo entiendas y luego vas a la caja y lo pagas. Los dependientes siempre dicen lo mismo, así que sólo hay que asentir con leves movimientos de cabeza, arriba y abajo, arriba y abajo y si quieres lucirte puedes decir hai de vez en cuando para que vean que ya eres parte de la sociedad japonesa.
El problema viene cuando te dicen algo diferente y esperan a que contestes. En ese momento piensas, maldito dependiente, no podría estar callado…. pero tienes que ser respetuoso, seguir las costumbres del país, así que tienes que ser hipócrita en cualquier momento, sonreir y decir hai. A saber qué me habrán preguntado…., bueno, pues hasta ahora diciendo hai, me han calentado un té de botella, me han abierto un sandwich, me han dado una bolsa para un paquete de chicles, casi empiezo a hacerme la tarjeta de afiliación del supermercado y una vez me intentaron colar unos caramelos de oferta.

La hora del pago, yo a la izquierda, dependiende a la derecha
De todas maneras, algo me consuela de que no soy el único de que las pasa canutas con el japonés, el otro día me encontré una historia que podeís leer pulsando aquí bastante divertida sobre el aprendizaje de este idioma.
Sin duda alguna, animo a todos a aprender un poco, se pueden descubrir muchos aspectos de la cultura de este país estudiando el idioma, además, aunque jodido, es bastante divertido.
Categoria: japonés